El ascenso de Asia es un hecho de dimensiones históricas que definirá decisivamente nuestra era.
En la medida en que el continente más poblado del planeta se industrializa, gana mayor peso económico, acumula poder militar y avanza en su modernización, se abre una nueva etapa en la que los países asiáticos participarán sobre bases iguales con europeos y norteamericanos en la formulación de las reglas globales.
Las oportunidades y retos de este proceso —piénsese por ejemplo en el impacto de la integración de China y la India, que suman el 38% de la población del planeta, en la economía mundial— afectan al equilibrio internacional en su conjunto.
Como octava economía mundial, España no puede permitirse el lujo de seguir ajena a la importancia que día a día adquiere la región en la agenda internacional. En la era de la globalización, los intereses políticos, económicos, de seguridad y culturales de España también se juegan en Asia.
Esa posición central de Asia-Pacífico en el futuro próximo exige el desarrollo de una activa estrategia española. Este es el objetivo del Plan de Acción 2005-2008, cuya intención es lograr que la presencia de España en Asia se fortalezca en una triple dirección:
• Seguir desarrollando, hasta completarla, una red de diálogos bilaterales a distintos niveles.
• Poner en práctica una agenda de viajes y visitas al más alto nivel.
• Reforzar nuestras Embajadas y Consulados, crear nuevas legaciones y potenciar los servicios centrales.
El Plan de Acción es, ante todo, muestra de una decidida voluntad política por afrontar las nuevas relaciones con la región, dando continuidad al Plan Marco 2000-2004 y ampliando los ámbitos en los que acometer nuevas medidas.
La cooperación española para la reconstrucción de Estados como Afganistán, o la importante ayuda civil y militar prestada a los países asiáticos tras el maremoto de 2004 o a Pakistán tras el terremoto de 2005 son también muestra de esa decidida voluntad de desarrollar y ampliar el Plan a nuevas áreas como la cooperación.
Las relaciones culturales tienen asimismo un importante protagonismo en el Plan de Acción, tanto en su aspecto de proyección de nuestra presencia en la región, como en el de promoción de una Alianza de Civilizaciones, propuesta de especial interés en el diálogo cultural y religioso entre Oriente y Occidente.
Dentro de este importante apartado, es imprescindible una mención a Casa Asia que se ha consolidado en muy poco tiempo como un instrumento de particular valía a la hora de ejecutar iniciativas de nuestra política exterior para Asia. Casa Asia ha demostrado sobradamente su utilidad mediante un dinamismo, una visibilidad y un acercamiento a la población verdaderamente notables, sobre todo en el ámbito cultural y académico.
El desafío asiático no es una cuestión de alta política o de prestigio diplomático: es una clave para nuestra seguridad exterior, para aumentar nuestras exportaciones, crear empleo, captar inversiones, desarrollar la cooperación técnica, establecerse en mercados donde nuestros principales socios europeos ya nos llevan una importante ventaja, y para transmitir a esta pujante región el dinamismo cultural y social de la España contemporánea.
La dimensión asiática es, junto con la iberoamericana y la mediterránea, la clave para reforzar la posición internacional de España como potencia media con intereses globales.
En consecuencia, el Plan de Acción pretende sentar las bases para superar gradualmente el grave retraso en nuestras relaciones con Asia y el Pacífico mediante la asunción de una “cuota asiática” en los programas de las administraciones públicas competentes.