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viernes 10/02/2012
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Palacio de Viana
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Primera parte


Historia del Palacio de Viana por José Antonio de Urbina, Embajador de España

Doña Beatriz Galindo, «La Latina», Dama de la Reina Isabel al enviudar en 1501 del madrileño, Don Francisco Ramírez de Madrid, apodado «el Artillero» por su especialidad en las armas, y Secretario del Rey Católico, tras instituir un mayorazgo en su hijo Nuflo, dedicó el resto de su vida a las obras religiosas y de caridad.

En la primera década del siglo XVI funda el Monasterio de la Concepción Jerónima, próximo a la calle hoy de este nombre, y edifica, junto al citado monasterio, una casa señorial que, con el tiempo y sus transformaciones, es conocida por el nombre de Palacio de Viana.

Esta casa, de una planta, constaba de dos edificaciones escalonadas con sendos patios intermedios. Su fachada daba sobre el espacio urbano encuadrado por el monasterio,, espacio que por esta razón se llamó Plazuela de las Monjas, y que actualmente lleva el nombre de calle del Duque de Rivas.

La fachada, en su derecha, poseía una torre fuerte situada en el ángulo limitado hoy por las calles de Concepción Jerónima y Duque de Rivas. El resto de la misma, sobre la Plazuela de las Monjas, era de estilo plateresco, con un gran portón rematado en amplio escudo con las armas de los Ramírez y de los Galindo. El aspecto, según relata Don Ramón Mesonero Romanos en su obra El antiguo Madrid era el de un palacio-fortaleza del Renacimiento español

«La Latina» vistió el hábito de la orden de la Concepción Jerónima, en el monasterio que había fundado, donde vivió hasta su muerte en el año 1534. Recibió sepultura en el coro alto de la iglesia, en uno de los dos cenotafios renacentistas con estatuas yacentes, destinados a los fundadores.

Como los restos de su esposo, «el Artillero», fallecido en 1501, en la campaña contra la primera insurrección de los moriscos granadinos, nunca fueron hallados, con posterioridad al fallecimiento de «La Latina», las monjas retiraron el vacío mausoleo destinado a Don Francisco.

Tras el derribo y venta, por la orden, del viejo monasterio que amenazaba ruina, a mediados del siglo XIX, y de su sucesor construido en el barrio de Salamanca, en la confluencia de las calles de Lista y Velázquez, un siglo después, el mausoleo «viajero» con los restos de Doña Beatriz Galindo, constructora original del Palacio de Viana, se encuentra en la actualidad en la iglesia del convento que la orden de la Concepción Jerónima ha construido recientemente en El Goloso, cerca de Madrid.

A mediados del siglo XVII la Casa-Palacio de los Ramírez de Madrid, que con el tiempo y los entronques de familia pasaron a denominarse Ramírez de Saavedra, pertenecía por sucesión a la Condesa del Castellar, que le añadió una edificación mas, cerrando el cuadrilátero como muestra el célebre plano de Madrid trazado por el cosmógrafo portugués Don Pedro Texeira Albernas, en el año de 1656.

A finales del siglo XVIII la Casa-Palacio sufre nuevas transformaciones, pues, entre otras, la fachada renacentista asume un aire neoclásico; pero es en el siglo XIX cuando la casona de los Ramírez de Saavedra pasara a tener su actual aspecto.

Segunda parte

También por sucesión llega a manos del célebre poeta romántico Don Ángel María de Saavedra y Ramírez de Baquedano, Duque de Rivas. Este fino aristócrata político, humanista y diplomático, pues fue Embajador en Nápoles y, en especial, gran poeta del movimiento romántico español, se enamora de este viejo caserón, del que hace su morada en la capital del Reino.

En 1843, el Duque de Rivas encargó al Arquitecto Don Francisco Javier Mariátegui, autor de la vieja Universidad de San Bernardo, la reforma del edificio.

Del gran proyecto de Mariátegui, cuyos planos se conservan en el Archivo de la Villa de Madrid, sólo se ejecutó una parte. La actual fachada corresponde a la realizada entonces.

Se añadió* una segunda planta, elevando el cuerpo principal a la altura de la primitiva torre del palacio, que fue demolida, pero no se llego a reformar toda la fachada, pues Mariátegui conservo muchos elementos de la anterior del siglo XVIII.

Terminadas las obras, que coincidieron con el derribo del colindante Monasterio de la Concepción Jerónima y posterior venta del solar, el Duque de Rivas amplio el primitivo jardín, adquiriendo la limítrofe huerta del convento que convirtió en amplio parque arbolado, de corte romántico.

El Duque de Rivas habitó el palacio hasta su muerte, acaecida en 1865. Heredado por su hijo mayor, en 1880 el nuevo Duque transmite la propiedad del inmueble a su hermano menor Don Teobaldo de Saavedra y Cueto, primer Marqués de Viana.

Su hijo y heredero, Don Fausto de Saavedra y Collado, Marques de Viana, realiza en 1920 una nueva reforma a cargo de Arquitecto Don Valentín Roca, consistente en la ampliación de las dependencias de la parte posterior del palacio y en la remodelación del jardín interior, conservando su bello estilo romántico.

De este modo, el palacio, que fue uno de los centros aristocrático-políticos del Madrid de Alfonso XII, la Reina Regente y Alfonso XIII, pasa a denominarse «de Viana», por ser la residencia de los marqueses de ese nombre, mientras que la vieja «Plazuela de las Monjas» a su vez, y para perpetuar la memoria del Duque de Rivas, que vivió y murió en este palacio, por sabia decisión del Ayuntamiento de Madrid, adoptó su actual nombre de calle del Duque de Rivas.

En el año de 1939 el Ministerio de Asuntos Exteriores arrienda el palacio, que pasa a constituir la vivienda oficial del Ministro del Departamento.

Desempeñando esta Cartera Don Alberto Martín Artajo y siendo Introductor de Embajadores Don Luis Álvarez de Estrada, Barón de las Torres, el 25 de abril de 1955, el palacio fue adquirido por el Estado a sus propietarios los Marqueses de Viana.

Por ultimo, en los años sesenta realiza su restauración y actual decoración el siguiente Ministro de Asuntos Exteriores, Don Fernando María Castiella, asesorado por su buen amigo y distinguido experto en arte Don Carlos de Beistegui, siendo el Arquitecto remodelador Don Luis Martínez Feduchy.

De este modo, la Casa-Palacio erigida en los inicios del siglo XVI por Doña Beatriz Galindo, «La Latina», como solar del mayorazgo de los Ramírez de Madrid, paso a ser, cuatro siglos mas tarde, uno de los mas bellos palacios existentes en la Capital y lugar de residencia y representación de los Ministros de Asuntos Exteriores de España.

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