La industria, como fuente de riqueza para Europa, es fundamental para la realización del objetivo estratégico fijado por el Consejo Europeo de Lisboa: convertir Europa antes de 2010 en "la economía basada en el conocimiento más competitiva y dinámica del mundo". Una industria competitiva promueve el crecimiento de los servicios y es en la economía del conocimiento, donde la industria es más importante que nunca.
La política industrial de la Unión Europea es complementaria a la de cada una de los Estados Miembros. La Comisión realiza estudios y análisis que son debatidos en grupos de trabajo de expertos y partes interesadas procedentes de todos los Estados Miembros. Estos documentos son también considerados por el Consejo de Ministros y de ellos se derivan instrucciones y propuestas de carácter tanto sectorial como horizontal para la Unión Europea en su conjunto, para cada uno de los Estados y para los sectores afectados. Todo ello en el respeto a la libre circulación de mercancías del mercado interior consagrada en los arts. 81 y ss del Tratado de la Comunidad Europea.
Los enfoques horizontales nacen como respuesta para evitar la desindustrialización de la Comunidad Europea. Las políticas industriales, tanto comunitarias como nacionales, se orientan a la creación de un marco favorable para la competitividad europea y de un entorno favorable para las empresas, especialmente las pequeñas y medianas empresas. El diálogo social y la responsabilidad medioambiental constituyen elementos importantes de la política industrial. Hay que recordar que, a nivel regional, tanto dentro de la Unión Europea como dentro de muchos Estados Miembros y, señaladamente en España, existe una elevada incidencia de las industrias sobre el nivel de empleo.
Por otra parte, la ampliación de la UE es un verdadero reto para los Estados Miembros, pero también ofrece oportunidades que la industria está aprovechando. Es necesario que los países adherentes continúen realizando reformas estructurales para mejorar su competitividad y cumplan el acervo comunitario.
La política industrial es por naturaleza de carácter horizontal pero se deben tener en cuenta las necesidades, características y problemas específicos de los diferentes sectores industriales y por tanto se debe adaptar a estas necesidades específicas. Los análisis sectoriales contribuyen a perfilar las políticas horizontales y afrontar las necesidades de sectores determinados, especialmente aquellos con elevado potencial.
TEXTIL
Se trata de un sector que contribuye de manera importante al empleo, la producción y la exportación de la Unión Europea, con un impacto particularmente sobresaliente en algunas regiones. Los retos a los que se enfrenta este sector son la abolición de restricciones cuantitativas (cuotas) a partir de 2005; el permanente proceso de reestructuración y modernización; y un marcado decaimiento de niveles de actividad de empleo. Por el contrario, como activos a señalar se puede destacar que el sector textil y del vestido europeo cuenta con una alta capacidad de desarrollo tecnológico e innovación.
Las actuaciones en los siguientes campos son estratégicas para el sector: I+D+i, tecnologías de información y comunicación, formación profesional y protección de derechos de propiedad intelectual. Asimismo, es importante el reforzamiento de la sensibilidad social de las empresas, promoviendo voluntariamente el llamado comercio ético, por ejemplo, mediante un etiquetado adecuado.
CONSTRUCCIÓN NAVAL Y ASTILLEROS
El sector cuenta en la Comunidad Europea con una dimensión estratégica, especialmente en relación a los siguientes ámbitos: el comercio exterior, el empleo, las necesidades de defensa, la competitividad de las actividades marítimas y portuarias en Europa y el mantenimiento del "saber hacer" tecnológico. Adicionalmente, el sector debería jugar un papel en materia de seguridad marítima y protección medioambiental.
En un contexto internacional marcado por la sobrecapacidad productiva y las distorsiones en los mercados, la Unión Europea procura orientar su política hacia:
- La inversión en I+D e innovación.
- La protección de los derechos de propiedad intelectual (reforzamiento de las normas de patente internacional aplicables a la construcción naval).
- Una mayor cooperación de recursos industriales y comerciales entre empresas de construcción naval y empresas de la fabricación de equipos marinos.
- Mejora de las capacidades profesionales en el marco de un diálogo social.
La Comisión Europea queda emplazada a continuar sus esfuerzos en el marco de la Organización Mundial del Comercio y de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE) para establecer, a nivel global, una competencia equitativa en la industria naval. En este sentido, existe actualmente un mecanismo temporal de defensa mientras se resuelven los contenciosos entablados ante la Organización Mundial del Comercio. Igualmente, la Comisión informa regularmente de los avances en la puesta en práctica de las recomendaciones estratégicas del informe Leadership 2015 (PDF, 126 Kb).
AEROESPACIAL
El sector aeroespacial imprime un marcado impulso sinérgico hacia la formación de expertos y técnicos, en aumento de la competitividad y en I+D e innovación para todo el tejido industrial de la Comunidad y los Estados Miembros. Análogamente, el sector es capaz de reunir los subsectores de defensa, aeronaves civiles e industrias auxiliares, de forma tal que se alcance un volumen de empresas y mercado en Europa que sea capaz de enfrentarse a la competencia en el mercado global.
Los proyectos GALILEO y GMES (Observación terrestre medioambiental y de seguridad) avanzan positivamente hacia la consolidación industrial e institucional para el desarrollo de la industria aeroespacial en Europa. También es de señalar la colaboración creciente entre la Agencia Espacial Europea y la Unión Europea.
Para 2007 está prevista la entrada en vigor de una Política europea del espacio que se instrumentalizará mediante el correspondiente programa. En el mismo quedaran definidas las responsabilidades de los agentes implicados: Agencia Espacial Europea, empresas, centros de I+D y administraciones. Las aplicaciones procedentes de otras políticas diversas (agricultura, pesca, medio ambiente, telecomunicaciones, transportes, etc.) ocuparán también un papel determinante en ese programa.
SIDERURGIA
La UE aporta alrededor del 20% de la producción total mundial de acero. El sector comunitario - con una facturación de unos 70.000 millones de euros y empleo a 250.000 personas- reviste, además, una importancia clave como abastecedor fundamental de las mayores industrias manufactureras (construcción, vehículos, maquinaria y equipos y metales fabricados). Coexisten pequeños productores especializados junto con empresas de grandes dimensiones: los cinco productores principales representan más del 60% de la producción comunitaria total y uno de ellos es el mayor productor mundial de acero. La concentración en este negocio viene motivada por la necesidad de lograr no sólo las ventajas sinérgicas y la reducción de costes que resultan de las medidas de eficiencia, sino también la capacidad financiera indispensable para poder invertir en la carísima tecnología innovadora del sector. Considerada corrientemente como un sector tradicional, la industria del acero ha experimentado una profunda modernización.
La industria comunitaria del acero es una de las más competitivas del mundo, en gran medida gracias al esfuerzo de reestructuración que viene realizando desde hace veinte años. La competitividad tecnológica de la industria comunitaria depende ahora de su capacidad de innovación. Además, la clave del éxito ha de ser su movimiento progresivo hacia la producción de aceros de calidad. Esta competencia cualitativa es de capital importancia dado que la industria comunitaria seguirá enfrentándose a competidores que se benefician de ventajas comparativas en materia de costes y/o de regulaciones menos constringentes (con relación a las ayudas estatales, al medio ambiente, etc.).
Dado que el Tratado CECA ya ha dejado de existir, la contribución de la UE a la modernización del sector se proseguirá en el marco del Tratado CE. Puede afirmarse que la actual combinación de políticas -caracterizada especialmente por la fuerte contribución de la I+D y de las políticas de formación- parece responder adecuadamente a las necesidades del sector, sin que ello elimine la necesidad de nuevos esfuerzos para mantener la competitividad. En este sentido y teniendo en cuenta que la ampliación ha incorporado a la UE la limitada capacidad y la baja productividad de algunos de los nuevos Estados miembros, es preciso que el esfuerzo de reestructuración continúe con posterioridad a la adhesión. Por otra parte, el cumplimiento del "acervo" comunitario (particularmente medioambiental) constituirá un reto de peso para el sector del acero en los nuevos Estados miembros. En ambos aspectos, podrá ser de utilidad el apoyo orientado de la UE.
En definitiva, la política industrial deberá garantizar la correcta coordinación de todos esos instrumentos a fin de que puedan alcanzarse las máximas ventajas posibles (efecto sinérgico).
QUÍMICAS
El sector desempeña un papel capital en la Unión. Su papel es también fundamental como abastecedor de sectores usuarios tan variados como el agrario, el textil o el del automóvil. Durante la década de los 90, el valor añadido de la industria química registró un ritmo de crecimiento anual de un 3,2%, frente al 1,9% de la industria manufacturera en su conjunto. Además, con un excedente comercial de 50.000 millones de euros (el segundo más importante de la industria manufacturera de la Unión), el sector químico es también fuente de ingresos fundamental para el conjunto de la UE.
En materia de precios, en cambio, es probable que se intensifique en el futuro la competencia que ya ejercen las baratas materias primas de Oriente Medio y los productos de China.
Para ganar la batalla y mantener su posición competitiva, será preciso que la industria comunitaria aumente sus gastos en investigación e innovación, así como en personal cualificado. Además, los requisitos cada vez más restrictivos que se imponen en materia de salud pública y medio ambiente están creando un ambicioso reto a las empresas del sector y, en especial, a las PYME. Este riesgo exige una vigilancia redoblada por parte de la UE. Concretamente, la Comisión ha propuesto ya una estrategia para hacer frente a ese reto: el paquete legislativo que se propone tenderá a garantizar la eficacia de costes en la aplicación de la estrategia, así como a proporcionar el alto nivel de protección sanitaria y ambiental que exigen los ciudadanos de la Unión. Otro importante reto vendrá dado por la necesidad de mejorar la industria química de los nuevos Estados miembros y de trasponer en ellos el acervo comunitario, necesidad ésta que en varios aspectos resultará costosa.
En definitiva, para que la industria química de la UE pueda superar con éxito los retos competitivos que se le avecinan, será necesario un enfoque proactivo que vaya más allá de las cuestiones estrictamente normativas.
BIOTECNOLOGÍA
La biotecnología, que es una actividad intensamente innovadora, influye cada vez más en la competitividad de industrias tales como la farmacéutica, la agroalimentaria o la de protección de los cultivos. Pese a la innegable importancia que revisten las grandes empresas, es el papel de las PYME, con su vertiente innovadora y sus vínculos con universidades y centros de investigación, el que explica algunos de los aspectos fundamentales de esta industria, particularmente su tendencia a la concentración geográfica y a la constitución de grupos de innovación.
Aunque algunas empresas europeas sean de nivel mundial, la capacidad de innovación global de la biotecnología europea se mantiene muy por debajo de la de Estados Unidos: La ratio de patentes concedidas por Estados Unidos y por la Oficina Europea de Patentes a empresas estadounidenses y europeas es de aproximadamente 3 contra 1 y de 3 contra 2.
Esta situación es en gran parte el resultado de los problemas a los que se enfrentan aquí las PYME, a menudo incapaces de llegar a la fase de comercialización de sus descubrimientos. Tales circunstancias han determinado que la Comisión acometa un análisis en profundidad de la situación competitiva de la biotecnología europea realizando diversos estudios. El Plan de acción sobre las ciencias de la vida y la biotecnología, "Ciencias de la vida y biotecnología - Una estrategia para Europa" (COM (2002) 27 final) (PDF, 2722 Kb), propone una estrategia global e integrada. Este Plan de Acción, que se basa en un amplio proceso de consultas con los interesados a fin de dar cabida a las preocupaciones de la sociedad, presenta como principales componentes:
- Fortalecimiento de la cadena de creación de valor: deben fijarse como grandes prioridades la formación de un personal altamente cualificado, el apoyo efectivo a las actividades de investigación de nivel mundial, la conexión de los centros de excelencia dentro del Espacio de Investigación Europeo, el establecimiento de un sistema de protección de la propiedad intelectual accesible y eficaz y la disponibilidad de recursos de capital suficientes.
- Gestión responsable de las autoridades públicas: el análisis de la sociedad y el diálogo social en curso son condiciones indispensables para el desarrollo de la biotecnología en Europa. En este ejercicio se han de incluir necesariamente todas las cuestiones de orden ético. La confianza de la sociedad sólo podrá ganarse si se establece un marco normativo transparente y efectivo que, sin imponer cargas innecesarias al desarrollo de una innovación responsable, respete los principios precautorios y contemple un mecanismo adecuado de información a los consumidores.
- A nivel internacional, la UE debe tomar la iniciativa en la elaboración de unas directrices, reglas y recomendaciones que puedan acordarse internacionalmente y ha de garantizar que los países en desarrollo participen también, con arreglo a los objetivos de sus políticas, en los beneficios derivados de la biotecnología.
INFORMÁTICA Y TELECOMUNICACIONES
En la economía de la UE, las telecomunicaciones se caracterizan por la estrecha relación existente entre el sector servicios y la industria. Con unos ingresos de más de 300.000 millones de euros, el sector de las telecomunicaciones emplea a más de un millón y medio de personas, contribuyendo activamente al aumento de la productividad y la riqueza en numerosas partes de la economía. Esta situación se ha hecho posible gracias a un doble factor de cambio: el proceso de liberalización emprendido a escala comunitaria y el progreso registrado en el campo de las tecnologías digitales. Además, los obstáculos internacionales al comercio de las telecomunicaciones se han ido eliminando progresivamente.
No obstante, el sector se enfrenta también a una serie de retos que tienen su origen en una combinación de factores: el desbordamiento o explosión de Internet, la desaceleración de la economía y el exceso de capacidad.
En este contexto, el camino que ha de seguirse pasa por:
- El Plan de acción eEurope 2005, cuyo principal objetivo es el fomento de los servicios, aplicaciones y contenidos seguros que se basen en una estructura de banda ancha ampliamente accesible.
- Los programas de I+D para estimular el desarrollo de la infraestructura de banda ancha (incluida la 3G) y el de otras nuevas aplicaciones.
- En el campo del comercio electrónico, la confianza de los consumidores mediante la protección de los datos, la seguridad de Internet y la credibilidad de los negocios (e-confianza).
INDUSTRIA EXTRACTIVA
Este sector, que abarca la extracción de todos los minerales sólidos (con exclusión de los carbones, minerales de uranio y rocas bituminosas) está presente en toda la Comunidad Europea de una manera bastante uniforme. Es en el subsector de los minerales metálicos donde existe una mayor concentración de la producción.
Por otra parte, es un sector con dimensión estratégica pues la dependencia de la Comunidad frente a las importaciones para su abastecimiento en materias primas es muy fuerte: La Comunidad Europea es uno de los mayores consumidores mundiales de minerales. En la otra cara de la moneda, las minas y canteras abandonadas generan impacto paisajístico y pueden plantear ciertos riesgos ambientales.
Todo ello hace que la Comisión, agentes sociales, empresas y administraciones implicadas estén comprometidos en un proceso continuo de revisión y seguimiento de la legislación comunitaria relativa a la seguridad de las instalaciones mineras. La integración de la dimensión medioambiental se sigue con una atención especial y, concretamente, se dispone ya de nuevas disposiciones legislativas tendentes a una mejor gestión de los residuos mineros y del rendimiento medioambiental global de este tipo de actividades.
- Artículo 157 del Tratado Constitutivo de la Comunidad Europea