Introducción
La seguridad y defensa de España y la contribución de nuestro país a la seguridad internacional son un interés prioritario de la política exterior. La defensa de la independencia y la integridad territorial de España, de sus valores democráticos, de sus instituciones, de sus recursos económicos, es indispensable para la libertad y el bienestar de los españoles.
En un mundo interdependiente, la seguridad debe ser cooperativa y plasmarse en la defensa común de intereses comunes, especialmente con aquellos países de nuestro entorno con los que compartimos los mismos valores, y con los que España está integrada en estructuras de seguridad colectiva.
Nuestra seguridad y prosperidad dependen de un sistema multilateral eficaz, que tiene muchos elementos que se complementan mutuamente, con muy diversos cometidos y ámbitos geográficos, desde el marco global de Naciones Unidas hasta mecanismos subregionales de cooperación.
En particular hay dos instancias multilaterales que son de vital importancia para la seguridad de España y los países de su entorno y para canalizar la contribución de nuestro país a la seguridad y estabilidad internacionales: la Alianza Atlántica (OTAN) y la Unión Europea en su dimensión de seguridad y defensa (PESD).
La política exterior española promueve activamente el fortalecimiento del vínculo trasatlántico, encarnado en la Alianza, que es fundamental para la defensa de los valores comunes que constituyen el fundamento de nuestra sociedad. La OTAN, que es la organización internacional que sirve de instrumento a la Alianza Atlántica, desempeña un importante papel en la seguridad europea y mundial.
La OTAN es uno de los elementos fundamentales de la estructura de seguridad de España y Europa, por lo que se ha ido adaptando a los cambios estratégicos mundiales de las últimas décadas.
España contribuye a impulsar ese proceso continuado de transformación de la Alianza puesto en marcha en la Cumbre de Praga de noviembre de 2002, en la que se decidió la ampliación de la Alianza a siete nuevos miembros de Europa Central y Oriental (Bulgaria, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia, Lituania, Rumanía,), elevando a 26 el número de Aliados, y proseguido en la Cumbre de Estambul de junio de 2004, una de cuyas decisiones fue profundizar la relación de la Alianza con sus siete Socios Mediterráneos (Argelia, Egipto, Israel, Jordania, Marruecos, Mauritania, Túnez).
En noviembre de 2006, la Cumbre de Riga prosiguió con los procesos de transformación política y militar señalados. La OTAN ha adaptado sus capacidades y establecido una nueva estructura militar para poder hacer frente con mayor eficacia a los nuevos retos de seguridad, incluyendo la creciente amenaza del terrorismo y las armas de destrucción masiva, dondequiera que éstos se produzcan.
En el ámbito político, se decidió la apertura de los instrumentos de la Asociación Euro-Atlántica a todos los socios de la Alianza –lo que incluye a los países del Diálogo Mediterráneo– y a los “países de contacto” interesados. Además, se lanzó la Iniciativa de Cooperación para la Formación en Oriente Medio, dirigida a los Socios Mediterráneos y los países de la Iniciativa de Cooperación de Estambul.
En el ámbito militar, el avance más notable fue la declaración de la capacidad operativa plena de la Fuerza de Respuesta rápida de la OTAN, la NRF, en la que España ha participado desde su creación. España, que lideraba el Componente Terrestre en el segundo semestre de 2005, asumió el grueso de la operación de ayuda a Pakistán tras el terremoto de diciembre de ese año, en lo que fue la primera misión de NRF. En la primera rotación de 2007 (NRF-8), España lidera el Componente Marítimo, aportando su Estado Mayor y hasta 7 unidades, además de hacer aportaciones e los otros dos Componentes. En la NRF-9, España lidera el Componente de Operaciones Especiales.
Además, sin perjuicio de su papel fundamental en la defensa de Europa y en la estabilidad de los Balcanes, la OTAN también se ha mostrado dispuesta a actuar fuera del tradicional área euro-atlántica. La Alianza, bajo mandato de Naciones Unidas, tiene el mando de la fuerza multinacional de estabilización y ayuda a Afganistán (ISAF), a la que España aporta unos 650 efectivos, además de liderar un Equipo de Reconstrucción Provincial en la provincia de Badghis, y realiza misiones de vigilancia naval contra el terrorismo en el Mediterráneo.
Paralelamente, la OTAN ha desarrollado una tupida red de relaciones de cooperación y asociación con otros países europeos, los países del Cáucaso y Asia Central; tiene una intensa relación de cooperación con Rusia (Consejo OTAN-Rusia) y con Ucrania (Comisión OTAN-Ucrania), así como con los países del Diálogo Mediterráneo (Argelia, Egipto, Israel, Jordania, Marruecos, Mauritania, Túnez).
El actual proceso de transformación de la Alianza para hacer frente a los nuevos retos de seguridad, incluyendo la amenaza del terrorismo y las armas de destrucción masiva, ha sido activamente promovido por España. Esa amenaza se dirige en último extremo contra el conjunto de valores que representan los sistemas políticos de los Aliados: la democracia, el estado de Derecho, el respeto a los Derechos Humanos.
España ha defendido con decisión en la Alianza la vigencia del vínculo trasatlántico, la cooperación entre la Unión Europea y la Alianza, y la preservación del consenso y la cohesión entre los Aliados.
España ha apoyado la ampliación de la Alianza hacia el Centro y Este de Europa, con un total de 10 nuevos miembros entre las Cumbre de Madrid en 1997 y de Praga en noviembre de 2002, así como el mantenimiento de la política de “puerta abierta” y acercamiento paulatino, que lo ha hecho posible. En la actualidad, hay tres candidatos al ingreso en la OTAN: Albania, Croacia y la ARY Macedonia. Estos tres países participan en el llamado Plan de Acción para la Ampliación (MAP).
El apoyo español a la ampliación de la OTAN refleja el firme compromiso con una Europa que ha superado las divisiones del pasado. La ampliación contribuye a la consolidación de la seguridad del continente y nuestra propia seguridad. La incorporación, en su momento, de países del sudeste de Europa incrementará su valiosa contribución a la estabilidad en el flanco sur de la Alianza.
El Gobierno español ha respaldado las relaciones de asociación establecidas por la OTAN con Rusia y los países de Europa Central y Oriental, y promueve en particular el diálogo y la cooperación de la Alianza con países de la ribera sur del Mediterráneo.
España aporta fuerzas muy considerables a las estructuras y operaciones de la OTAN y, desde su plena incorporación a la estructura militar integrada en 1998, ha ido incrementando su participación, hasta llegar a los compromisos y responsabilidades asumidos en la nueva estructura militar adoptada en junio de 2003, incluyendo la sede del mando de las fuerzas terrestres en el sur de Europa en Madrid-Retamares. Las Fuerzas Armadas españolas contribuyen activamente a las operaciones militares que realiza la Alianza en interés de la paz internacional y la seguridad común, ya sea en los Balcanes, en Afganistán o en misiones de vigilancia naval contra el terrorismo en el Mediterráneo.
España ha promovido desde el primer momento el desarrollo de una auténtica dimensión de defensa de la UE, que es un instrumento indispensable para la eficacia de la acción exterior de la UE, a proporcionarle una capacidad de acción autónoma para la gestión de crisis. La Política Europea de Seguridad y de Defensa (PESD), como parte integrante de la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC), expresa una verdadera solidaridad entre los Estados Miembros y hacia el mundo, permitiéndole afrontar las crisis y retos de seguridad de hoy.
La PESD es un requisito para lograr una mayor eficacia en la acción exterior de la Unión y una mayor contribución de los europeos a la seguridad común, complementaria con la OTAN.
Aunque queda todavía mucho por hacer, la PESD ha logrado ya importantes progresos, en base al desarrollo de las capacidades militares, a la buena marcha de las primeras operaciones europeas de gestión de crisis y a la puesta en práctica de los mecanismos de cooperación con la OTAN, como se desprende de las Conclusiones del Consejo Europeo de Bruselas del 14 y 15 de diciembre de 2006.
La PESD debe contribuir al fortalecimiento del vínculo trasatlántico. La Unión y la Alianza deben reforzarse mutuamente, evitando cualquier rivalidad o duplicación de esfuerzos. Al mismo tiempo, los europeos debemos estar dispuestos a asumir mayor responsabilidad en la seguridad internacional. España participa plenamente en los esfuerzos para reforzar la PESD y mejorar sus capacidades para actuar en la gestión de crisis, ya sea en cooperación con la OTAN o autónomamente, cuando la Alianza como tal no esté involucrada.
En 2003, el Consejo Europeo adoptó el documento del Secretario General/Alto Representante sobre una Estrategia de Seguridad de la Unión, "Una Europa Segura en un mundo mejor" (PDF, 104 Kb).
Desde su lanzamiento en 1999, los avances de la PESD han sido importantes, tanto en lo que hace a sus instituciones (Estado Mayor de la Unión Europea, Célula Civil-Militar, Centro de Operaciones, Agencia Europa de Armamento), como desde un punto de vista operativo: por un lado, la Unión Europea ha puesto en marcha más de una docena de operaciones de gestión de crisis civiles y militares, con el apoyo de la OTAN o autónomamente, por otro, en 2007, el concepto de agrupación táctica o grupo de combate (battle group) ha alcanzado su capacidad operativa. España aporta una agrupación táctica nacional, con participaciones cruzadas con la agrupación franco-alemana, y participa en la agrupación anfibia hispano-italiana, en la que también participan Grecia y Portugal.