Las relaciones entre España y Chile se remontan a la época de la conquista y colonización del territorio más lejano y austral del Imperio Español en América. El actual Chile se constituyó desde finales del siglo XVI en Capitanía General dependiente del Virreinato de Perú. A diferencia de éste, fue tierra en que predominó una presencia militar vinculada a la larga guerra de Arauco, siendo esta región la frontera del dominio hispano hasta mucho después de la independencia de Chile, proclamada en 1810.
España no reconoció la independencia de Chile hasta 1844 y el primer representante diplomático acreditado por España como Encargado de Negocios en 1847, fue Salvador de Tavira. Las relaciones hispano chilenas sufrieron una crisis a raíz de la guerra que entre 1865 y 1866 enfrentó a España con Chile y Perú. Tras la firma del Tratado de Paz en 1883, las relaciones diplomáticas se normalizaron con la acreditación en 1884 de Enrique Vallés como Ministro Residente al frente de la Legación de España en Santiago. Habría que esperar a 1928 para el nombramiento del primer Embajador en la persona de Santiago Méndez de Vigo.
Desde entonces las relaciones entre ambos países fueron ganando en intensidad y contenido favorecidos, entre otras razones, por el fuerte componente español de la sociedad chilena que la inmigración llegada de la península desde mediados del siglo XIX, no hizo sino consolidar.
Después de la Guerra Civil Chile acogió, aunque en bastante menor medida que otras repúblicas americanas, a un significativo número de exiliados que, junto con otras oleadas de inmigración económica que durarían hasta los años 50, contribuirían a renovar el sustrato hispano del Chile moderno. En la actualidad residen en Chile unos 35.000 españoles, si bien de ellos apenas 6.000 son nacidos en España. En Chile existe una importante red de instituciones españolas, varias de ellas más que centenarias, que articulan una colectividad de la más diversa ascendencia regional.
A partir de 1975 las relaciones bilaterales, que durante el régimen de Franco fueron básicamente correctas, se vieron afectadas por la instauración en Chile de un gobierno militar que duró hasta 1990, fecha de la recuperación democrática y año de la primera visita a Chile de SS.MM. los Reyes que, además de normalizar definitivamente las relaciones, contribuyó a un espectacular incremento de los intercambios y contactos en todos los ámbitos. Acompañadas por una importante y creciente llegada de inversiones españolas, las relaciones políticas
han convertido a Chile en un interlocutor fundamental de España en la región, no sólo a nivel de Gobierno sino también de los distintos sectores de la sociedad civil.
En estos momentos el entramado de relaciones institucionales o privadas, económicas o políticas y el intercambio de visitas de todo orden, han situado a Chile en un lugar muy destacado en la relaciones exteriores de España, pues son países que, además de compartir una larga historia común, se proyectan unidos por unos mismos -valores y con unos intereses que desbordan el estricto marco bilateral.
La Embajada de España en Santiago de Chile canaliza las actuaciones e iniciativas políticas, económico comerciales, culturales y de cooperación que el Gobierno español y los diversos actores sociales llevan a cabo en un país particularmente abierto y receptivo, y cuya estabilidad institucional y dinamismo económico lo han convertido en socio preferente de España.